domingo, 2 de setembro de 2012

Continuação do artigo El Pais

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Narcisistas, fríos y despechados

Natalia Junquera

Asómate a la ventana para ver lo que te mereces”. Es lo último que Francisco J. Blanco, de 51 años, le dijo a su exmujer antes de estrellar 



su coche delante de la casa materna con su hijo de 10 años dentro. El coche se convirtió en una gran bola de fuego. Los bomberos tardaron seis horas en sacar los dos cadáveres carbonizados. Ocurrió el pasado 9 de julio en Vecindario, Gran Canaria.
“Dile adiós a mamá. Dile que la quieres”. Keith Young hizo escuchar a su exmujer, Samantha Tolley, al otro lado del teléfono, cómo mataba a sus cuatro hijos, de entre tres y siete años. Se los llevó en coche a un descampado, llenó el vehículo de monóxido de carbono y forzó a su ex a escuchar cómo morían asfixiados. Ocurrió en septiembre de 2003 en el norte de Gales.
Miguel Hildalgo ahorcó a su hijo de cinco años en el baño y después a sí mismo en el hueco de la escalera. Ocurrió el pasado 23 de febrero en Inca (Mallorca).
Emilio C. asfixió al bebé de cinco meses de su pareja el pasado 10 de enero en Valls (Tarragona)...
En los últimos años, una decena de menores han sido asesinados en España por sus padres como parte de una situación de violencia de género. A todos esos casos podría sumarse José Bretón, único sospechoso de la desaparición de sus hijos, Ruth y José, y en prisión desde octubre. Todos tienen algo en común. “No son locos. La locura no conduce al crimen. La locura en términos forenses es no tener capacidad para elegir lo que está bien y lo que está mal. Todos estos actos demuestran voluntad porque implican una planificación previa”, explica el forense Miguel Lorente, exdelegado del Gobierno para la violencia de género.
La venganza es un acto racional y planificado, por muy cruel que pueda ser. No es un signo de locura. En la mayoría de estos casos los padres mataron a sus hijos después de que sus parejas les hubieran dejado. “Muchos homicidios se producen en el momento en que ella se va y ya no puede controlarla. Un agresor más frío puede decidir utilizar a los hijos para seguir ejerciendo ese control sobre la madre y seguir haciéndole daño aun estando separados. El agresor es narcisista, tiene la autoestima muy alta y algunos piensan que su mujer volverá. El parricida de Gales actuó cuando se dio cuenta de que ella no iba a hacerlo y para él ese momento fue cuando se enteró de que estaba embarazada de su nueva pareja”. Por aquel teléfono por el que escuchaba asfixiarse a sus hijos, Samantha Tolley intentó desesperada convencer a su ex de que abortaría y que volverían a ser una familia. Pero ya fue inútil. Sus hijos murieron durante aquella conversación telefónica, como su marido. Ella perdió después al bebé que esperaba.
Francisco J. Blanco también decidió matar a su hijo cuando su exmujer inició otra relación. Llevaban seis años separados.
Ruth Ortiz se separó de José Bretón el 15 de septiembre. El 8 de octubre desaparecieron los niños. Y ese mismo día, Ruth denunció a su marido por malos tratos.
El maltratador más frío utiliza a los hijos “porque sabe que esa es la forma de causar el máximo daño a su mujer”. En todos estos casos, el parricida piensa “que el sufrimiento será mucho más duradero para su pareja si mata a sus hijos que si la mata a ella. Y piensa, además, que así la hará sentir culpable, que hará que piense que pudo evitar esas muertes si no le hubiese dejado”, explica Lorente. Para este forense, Bretón es ante todo, “un hombre frío. Más frío que inteligente, narcisista y lleno de odio hacia su mujer”.
El perfil se repite: maltratadores de una frialdad extrema, pero perfectamente cuerdos, que cuando son abandonados planifican el asesinato de sus propios hijos como la forma de causar el daño más intenso y prolongado posible a su expareja. Pero Bretón se saldría de este patrón en una cosa. No ha reivindicado su crimen para hacerle pensar a su ex que es la culpable y que pudo haberlo evitado si no se hubiera separado de él. “En todos estos casos, los maltratadores suelen confesar porque es la forma de dar a conocer su hombría. El 75% de los hombres que matan a sus mujeres se entrega y el 17% se suicida. Actúan por convicción y asumen las consecuencias desde el principio. Son crímenes morales. Por eso es absurdo pedir la cadena perpetua. Esa no es la solución: eso no les va a frenar”, afirma Lorente. Bretón no ha confesado. El forense cree que “al principio simuló el rapto como una forma de acercarse a su mujer” y que luego “descubrió que al no decir qué había pasado con sus hijos estaba causando un daño aún mayor y más prolongado a la madre”.
Francisco J. Blanco, el hombre que estrelló su coche con su hijo dentro, tenía una orden de alejamiento de su ex, y sin embargo, permiso para ver al pequeño. También el que en agosto de 2010 mató a su mujer y sus dos hijos en Tarragona. “Un maltratador no puede ser un buen padre”, concluye Lorente. “Hay que revisar la ley para impedir que puedan acceder a los hijos quienes tienen antecedentes por malos tratos para que estos terribles crímenes no vuelvan a producirse”.